¡¡¡¡LOS MORLOCKS!!!!

Evgeni I. Zamiatin: Nosotros (Akal – Básica de bolsillo, 2008) – Segunda parte

Texto de Carles Llonch Molina

Mientras que en la primera parte del escrito dedicado a Nosotrosme centré en describir el contexto de producción de la obra, en esta me gustaría resaltar algunos elementos de la sociedad distópica que describe. 

Tal como sucedía en el París de 1960 que Verne imaginó, los valores culturales y humanos en el Estado Único se han degradado enormemente mediante la supremacía de las ideas y lógicas del racionalismo científico. Pero si en la descripción de esa sociedad parisina se apunta al progreso y a las ideas derivadas del liberalismo burgués como motor de tal declive, en la obra del ruso se apunta a un control estatal que actúa sobre la totalidad de la vida cuya finalidad es la de mantener el poder en sí mismo. La fuente de la disfuncionalidad social no sería los procesos materiales de la acumulación de capital (como en la novela del francés), sino una especie de culto a dichos procesos. En concreto, se trata de una especie de taylorismo de estado en el que la medición y la temporalización se aplica a todos los detalles de la vida de los individuos: desde las veces que se mastica a las veces que se practica sexo. 

Zamiátin fue enviado a los astilleros ingleses durante la primera guerra mundial para supervisar la construcción de acorazados rusos.  Allá tuvo contacto con estos modos de producción en cadena pensados para aumentar la eficiencia y debió basarse en ello para fabular la distopía del Estado Único, en la que la idea de alienación del trabajo propia del capitalismo se sustituye por la plena identificación mística con el mismo. El movimiento sincronizado se convierte en algo en lo que ética y estética se aúnan para diluir las identidades y los impulsos individualistas.

<<¿Por qué es bella esa danza?>>, se pregunta D-503 al observar unas máquinas. <<Porque es un movimiento no libre>>, concluye.   La idea de falta de libertad se presenta como la fuente de la felicidad, pues se culpa al ejercicio de la misma de las desgracias del pasado. De ahí el culto al racionalismo y al pensamiento matemático <<La tabla de multiplicar es más sabia que el Dios antiguo, pues nunca falla>>. Paradójico culto, pues se trata de un racionalismo sesgado, acrítico y utilitario al servicio del poder.

Otro elemento interesante imaginado por Zamiátin es el diseño arquitectónico y urbanístico, cuestión que empieza a ser un tema recurrente en mis artículos. La  práctica de la coreografía colectiva de la que hablaba antes, se suma a la ciudad para controlar los cuerpos de los individuos en un ejercicio total de tiranía biopolítica. En esta urbe no hay lugar para los elementos incontrolados e irracionales. Incluso la naturaleza queda fuera del muro que la rodea, pues no hay plantas (los alimentos se sintetizan) y se ha conseguido el control climático. La ciudad es una prisión donde no es necesario ningún panóptico, pues los números viven en edificios de muros y suelos transparentes de manera que pueden verse los unos a los otros (controlarse los unos a los otros)  así como también ser vistos por los Guardianes.

Además, la arquitectura adquiere en ocasiones un carácter simbólico. Por ejemplo, el lugar donde los personajes se aíslan del totalitarismo es precisamente una casa antigua, que además se encuentra cercana al muro periférico. Por contraposición, en la plaza del Cubo se escenifica el poder del Estado: allí se llevan a cabo las conmemoraciones y las ejecuciones. Es el único lugar donde se puede ver al Benefactor y está diseñado precisamente para engrandecer (física y metafóricamente) su figura así como fortalecer el sentimiento de comunidad.

A qué se debe la desigual popularidad de ésta ,1984 y Un mundo feliz es difícil de saber. Puede que la caída en desgracia de su autor haya tenido mucho que ver, así como también la clara hegemonía cultural de las letras anglosajonas, al menos en lo que literatura de ciencia ficción se refiere. De cualquier manera, por lo que rodea a su creación y a su autor, pienso que Nosotros merece un lugar de las estanterías de los seguidores del género. Por otro lado, y por los detalles que he compartido a lo largo de este artículo (a los que cabría añadir otros muchos que se han quedado fuera), creo que además se trata de una lectura con el potencial de alcanzar a tanto público y tan variado como sus homólogas.  

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