¡¡¡¡LOS MORLOCKS!!!!

Evgeni I. Zamiatin: Nosotros (Akal – Básica de bolsillo, 2008) – Primera parte

Texto de Carles Llonch Molina

La última vez que escribí en el blog lo hice sobre París en el siglo XX, de Julio Verne, una obra de peculiar historia que tardó más de cien años en ver la luz. La novela de la que os quiero hablar en éste y el próximo artículo se escribió en la URSS entre 1919 y 1921, pero no se publicó en ruso hasta 1988. Si bien no ha sido tan popular como otras distopías, parte de la importancia de esta obra es ser la predecesora de las más famosas del género.  Pero  permitidme dar un rodeo histórico para ayudar a entender el lugar que le corresponde.

Es enero de 1946, y en el londinense Tribune el periodista George Orwell reseña una obra titulada We (Nosotros), del ruso Evgeni I. Zamiátin. Orwell la ha leído en francés y se lamenta de no haber podido conseguir la edición que en su día se hizo en lengua inglesa en los EEUU a partir de una copia que secretamente escapó de la Unión Soviética. La compara con Un mundo feliz (1932) y constata que Huxley debe haber leído esa primera edición, pues las similitudes con la obra del ruso son más que evidentes.  Para el periodista, sin embargo, su compatriota se queda corto en cuanto a la superior credibilidad de la estructura social dibujada en Nosotros. El caso es que, quizás movido por ese hueco argumental o por la necesidad de actualizar la obra de Zamiátin, Orwell publicará tres años después 1984, la cual bebe enormemente de la novela rusa. 

Zamiátin, ingeniero naval de profesión, logró gran reconocimiento en la joven URSS como articulista y escritor de teatro y prosa. Bolchevique, censurado y encarcelado por el régimen zarista, estaba lejos de ser un reaccionario. Sin embargo, las agudas críticas a la burocracia que aparecían en sus obras y su rechazo a subyugar el acto creativo a un utilitarismo revolucionario fueron haciendo mella en su relación con el régimen, desembocando en su caída en desgracia y en ser apartado de la vida cultural soviética. La censura de Nosotros no fue sino el colofón a una muerte anunciada y el paso previo a prohibir y sacar de circulación toda su producción literaria.

Es memorable la carta que dirige a Stalin en 1931 rogando ser desterrado para poder seguir su ejercicio  literario. <<Como para cualquier otro escritor, la mera posibilidad de la privación de escribir constituye para mí un castigo mortal>> dirá, para añadir después <<Sé que tengo la mala costumbre de decir en un momento determinado no lo que podría resultar conveniente, sino lo que estimo la verdad. En particular nunca he ocultado mi actitud hacia el servilismo literario, el vasallaje y la hipocresía. Consideraba, y sigo considerando, que eso rebaja tanto al escritor como a la revolución>>.  Parece ser que, solo mediante la intervención de Gorki su petición fue aceptada.

La reivindicación de la obra y su fascinante contexto de producción ya son para mí suficientes razones como para dedicarle un artículo en el blog. Pero es que, además, de Nosotros se pueden derivar múltiples apreciaciones sobre las estructuras sociales de dominación y la manera en que estas se vinculan con los sujetos. Como sucede en sus homólogas, aborda claramente la confrontación entre la idea de lo colectivo en tanto a civilización frente el pulso libertario del sujeto, cuestión con las que consiguen fácilmente conectar con el lector. 

En Nosotros se nos describe un Estado Único que organiza la vida de los números (personas) basándose en un sistema taylorista que ha traspasado los límites de la producción y se aplica a todos los aspectos de la vida. El Benefactor, líder supremo de carácter casi místico, representa el poder total y renueva su mandato por unanimidad en votación obligatoria. Los Guardianes controlan el correcto funcionamiento de este aparente mundo perfecto, cerrado al exterior mediante el Muro Verde pero a su vez construido enteramente en un  vidrio ultra-tecnológico que evita cualquier posibilidad de intimidad. 

Nuestro protagonista es D-503,  el ingeniero en jefe de la nave Integral,  cuya misión será la de evangelizar a posibles mundos extraterrestres. Ferviente  creyente en el Estado Único, sus problemas empiezan cuando entra en su vida la rebelde e iconoclasta I-330 de la que se enamora irracional y obsesivamente.  Y es aquí donde encontramos una diferencia de esta distopía ante sus homólogas antes citadas: el personaje principal no es un inadaptado, sino un convencido seguidor de los principios morales del estado que se desviará de ellos al sentir en sus carnes el impulso animal de la emoción desbordada. Por eso la voz del relato es para mí uno de sus mayores aciertos, pues Nosotros se nos presenta como el diario de D-503.  A través de su diálogo interno, se nos muestra el totalitarismo como una estructura capaz de colonizar y moldear las mentes con tal de perpetuar su poder. 

De momento me detengo aquí, ya que Nosotros da para mucho y me ha salido un artículo muy largo que he dividido en dos partes. En la segunda parte hablaré de otros aspectos de la novela que me han interesado y los vincularé a diferentes ideas del pensamiento político del siglo XX. 

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