¡¡¡¡LOS MORLOCKS!!!!

Daniel Mann: La revolución de las ratas (Willard) (1971)

Texto de Toni Signes

Intento convencerme de que la película que vi era de ciencia ficción: Willard entrena a las ratas a partir de un experimento basado en el condicionamiento clásico de Pavlov; o las ratas le obedecen ciegamente gracias a alguna especie de superpoder o yo que sé, tengo más ideas pero ninguna aparece en la película. A continuación busco en las categorías de Filmin por si aparece la de ciencia ficción pero no, no es el caso. Finalmente, tengo que aceptar lo evidente: mi reseña de esta semana no es sobre ciencia ficción (ni cómic), me he saltado los límites del blog, es una película de terror. Esta película es La revolución de las ratas de 1971, cuyo título original es Willard. Fue dirigida por Daniel Mann y cuenta la historia de Willard, un joven que sufre bullying en el trabajo y vive bajo la sombra de una madre castradora en una mansión familiar en mal estado. El único refugio que encuentra Willard a su patética situación se lo ofrecen dos ratas (Sócrates y Ben) a las que educa y con las que comparte comida y casa.

Willard es un perdedor, sus compañeros de trabajo le ningunean, particularmente su jefe, que ya maltrató a su padre y sigue la misma dinámica con el hijo. Willard sufre una sobrecarga laboral espantosa que le obliga a trabajar en casa y no le permite acabar a tiempo la mayoría de sus tareas. Por este motivo parece que todo le sale mal. Willard, además, no tiene amigos, la única gente con la que se relaciona son su familia y los amigos de su madre. Es especialmente angustiosa la primera escena de la película en la que la madre y compañía están celebrando la fiesta de cumpleaños de Willard; durante la asfixiante escena vemos como éste se pliega humillantemente a los deseos de la madre y podemos intuir la relación de poder que opera entre ambos: Willard obedece pero nunca es suficiente, su madre ha anulado la capacidad de decisión del hijo y ha conseguido que Willard se vea como un adulto-niño inseguro y acomplejado, incapaz de relacionarse de igual a igual con sus compañeros o de establecer sus propios límites. Esta actitud pasiva de Willard es una constante durante toda la película, por ejemplo, cuando convive con un ejército de ratas en su casa, su novieta le regala un gato y es incapaz de decir que no, podría haberse inventado una excusa como que tiene alergia, pero prefiere llevárselo y abandonarlo en manos de un desconocido. Del mismo modo, vemos como asesinan a una de las ratas (Sócrates) y no hace nada para evitarlo, asiste como público a la violenta escena en la que los espectadores de la película sentimos nauseas, no solo por la situación, también por la actitud lamentable de Willard. Éste se excusa, pero no hace nada salvo mirar y lamentar a posteriori su falta de iniciativa. Un lamento que se convierte en reacción desmedida, como suele suceder con la gente criada en entornos hipercontrolados: la falta de expresión activa ante un estímulo se convierte en una reacción desmesurada producto de la acumulación del resentimiento tras la intelectualización del acto en sí.

Aludo a las relaciones de poder entre los diferentes personajes de la película: Willard es inferior a su madre y a su jefe. No tiene amigos y la única persona que se le acerca voluntariamente es su compañera de trabajo, con la que inicia una especie de relación en la que él también se posiciona en inferioridad (sirva como ejemplo el regalo del gato comentado anteriormente: su deseo de agradar le lleva a aceptar situaciones indeseadas). Willard solo es capaz de expresar su frustración sobre sus ratas. Estos animales invisibilizados de la ciudad son los únicos que se le acercan de igual a igual, o incluso que le permiten, a cambio de comida, que dicte él las normas. No es casual el uso de las ratas, tanto Willard como éstas han sido malditas por la sociedad que les ha obligado a desaparecer del espacio público. Podríamos interpretar la relación de poder de Willard como un ejemplo de la capacidad de corrupción del poder. Willard empieza tratando afectuosamente a las ratas, pero a lo largo de la película observamos un cambio en su comportamiento. Cada vez es más rudo con la rata Ben a la que grita, persigue con una vara y desprecia frente a Socrates. Tampoco duda en asesinar a todas las ratas tras conseguir su venganza. ¿Corrompe el poder? Absolutamente, pero no dudemos de que la corrupción es intrínseca en Willard ya que ha recibido una educación en la que la sumisión sólo le permitía una vía de escape y ésta era la violencia más reactiva.

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