¡¡¡¡LOS MORLOCKS!!!!

Terence Fisher: Radiaciones en la noche (1967)

Texto de Toni Signes

He estado buscando información antes de empezar esta reseña para poder ubicarla en un contexto y entender mejor qué acabo de ver. Terence Fisher, antes de dirigir Radiaciones en la noche, trabajaba para la potente productora inglesa Hammer, especializada en cine de terror gótico y que había producido películas como Drácula de Christopher Lee o La Momia de 1959. Por lo visto, tras romper relaciones con la Hammer, Fisher se une a una productora mucho más modesta que le permite investigar un género que le resultaba más interesante: la Ciencia Ficción. En Planet Pictures, Fisher dirige tres películas que forman una suerte de trilogía en la que las historias son muy similares entre sí: siempre cuentan la invasión alienígena a pequeños pueblos (las películas son: SOS El mundo en peligro, Radiaciones en la noche y The Earth dies screaming). Fisher, estaba harto del estilo gótico de la Hammer en la cual hasta las historias de ciencia-ficción se desarrollaban en el pasado, trabajar para Planet Pictures le permite contar historias desde su contemporaneidad, aunque fuera con muy poco presupuesto.

En Radiaciones en la noche la acción se desarrolla en una pequeña isla británica durante el invierno, sin embargo en la citada isla las temperaturas no paran de subir alcanzando hasta los 50ºC. Esta situación deriva en comportamientos compulsivos, explosiones de motores, aparatos eléctricos y botellines de cerveza y desmayos. Los hombres no paran de sudar, a litros. Y aunque las mujeres no sudan, se frotan con cubitos y tal, para refrescarse y provocar la lascivia de amantes -y espectadores-, débiles ante la carne. En concreto, me refiero al protagonista, que cuando se reencuentra con una amante, a la que había abandonado previamente huyendo a la isla, no puede evitar, a los 5 minutos, meterle mano y besarla. Y menudos besos. Delirante rozarse de labios, muy divertido todo. Así es el amor en el cine. Volviendo al tema, el calor aumenta por causas desconocidas para todo el mundo que lo atribuye a un fenómeno metereológico excepcional excepto para un excéntrico investigador-científico que se dedica a instalar cámaras automatizadas para captar los responsables de esta canícula. Mediante estos experimentos confirma que los responsables no son otra cosa que invasores espaciales y que pretenden cambiar el clima de la zona donde piensan desembarcar para poder sobrevivir e iniciar una ofensiva a escala mundial. Atención a dos cosas: al diseño de los invasores que es casi como un insulto al espectador y al final de la película, que es, claramente, un insulto a nuestra inteligencia. De todos modos, la película tiene algo que engancha y es fácil de ver, tal vez sea el conjunto, tan loco que la hace atrayente.

En fin, si he elegido esta película es porque uno de los actores principales es el propio Christopher Lee, que es el único que destaca entre todo el elenco de personajes de Radiaciones. La calidad interpretativa de los actores es malísima, hiperactúan continuamente e incluso parece que el protagonista principal vaya puesto de cocaina y alcohol, lo cual no debería ser un impedimento pero verlo con la cara desencajada, la mirada perdida y el sudor que impregna su camisa nos hace recordar más una fiesta de un after en agosto que a un personaje de una película de ciencia-ficción. Así, Lee mantiene un papel digno y más que destacable entre el protagonista borracho, la secretaria putón y la abnegada y sumisa mujer del protagonista. Durante la película, la tensión se hace palpable por el comportamiento y los diálogos de los personajes y no tanto por los efectos especiales, que aparecen al final de la película y son muy cutres.

He leído que como el título de la película en inglés (Night of the big heat: literalmente La noche del gran calentón) daba para dobles sentidos, Fisher decidió introducir tórridas escenas con las actrices. Así, la secretaria aparece en bikini o luciendo escote y frotándose con cubitos de hielo, hay tocamientos de tetas y morreos (jajaja). Esto provocó que la película se estrenase en cines eróticos (recordad que es 1967) y que tuviese unos índices de audiencia mayores que los esperados. Terence Fisher supo hacer mucho con bastante poco.


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