¡¡¡¡LOS MORLOCKS!!!!

Grant Morrison: Los invisibles (ECC Ediciones, 2015-2016)

Texto de Toni Signes

Si quiero hablar sobre el cómic Los invisibles de Grant Morrison lo que debería imperar en este texto es la anarquía, la misma que defienden los protagonistas del cómic y el propio autor en sus historias. En Los Invisibles, Grant Morrison teje una ácida historia sobre la sociedad contemporánea, la religión, la magia, las drogas, el sexo, el capitalismo, alienígenas, anarquismo y revolución y, como veis, toca tantas teclas que es imposible poder explicarlas todas en un sólo artículo. Es de mis colecciones preferidas, por la inteligencia de sus historias y por lo criptográfico de su escritura, una lectura adulta.

Las palomas y las ratas son animales despreciados en el imaginario colectivo. A las palomas las llamamos habitualmente ratas del aire, y las ratas son sólo eso, ratas. El capitalismo condena y esconde lo abyecto, por eso las redes sociales nos ofrecen un mundo imaginario sin sexo, desnudos o violencia, por eso Tumblr ha empezado a censurar contenido erótico en su plataforma, por eso no existe ninguna plataforma que permita mostrar lo que se salga del mundo Disney. Por eso el capitalismo odia a las ratas y las palomas y nos educa para odiarlas. Las ratas y las palomas son animales que se muestran ostentosamente: se comen nuestros restos, se esconden en nuestras casas y transmiten enfermedades. Por si fuera poco, las palomas vuelan. Las palomas verán cosas que nunca conoceremos. El primitivo anhelo del hombre y el sueño del capitalismo en ese sucio animal: vuela. Por despecho, ignoramos a las palomas del mismo modo que ignoramos a los locos/as, las prostitutas, los drogadictos, los mendigos y los alcohólicos. En todo caso, están ahí para recordarnos que el sistema es imparable y machaca a los débiles. Porque ellos/as son los débiles, ¿no? Nosotros somos fuertes. Fuerte contra débil. El débil no existe, que desaparezca, si sigue ahí nosotros lo pisotearemos. Para eso nos educan, eso es lo que nos inculcan.

En la escuela nos educaron para obedecer, seguir un camino recto y responder siempre del modo que se espera que lo hagamos. En la escuela nos reímos del raro/a, le hicimos bullying al tímido y ridiculizamos a la marimacho, qué fuertes eramos. Menudo caldo de cultivo, ahora somos policías, profesores, oficinistas, informáticos, artistas… por suerte, de mi clase ninguno ha llegado a la política. ¿Para qué nos educaron? ¿Cuál era el objetivo? ¿El conocimiento? No recuerdo nada de lo que aprendí, nunca me ha hecho falta, pero sigo cargando una mochila. Una mochila llena de miedo, de desconfianza hacia el resto de la gente, mentiras y miedo. Eso nos lo metieron bien. Eso y su puta ideología. Sus prejuicios de adultos de mierda. Su indulgencia y paternalismo. Nos ofrecieron una libertad, claro. Una libertad sin derechos, sin derecho a equivocarnos, sin derecho a fracasar, sin derecho a ser diferentes, sin derecho a quejarnos, sin derecho a rebelarnos. “Te damos otro tipo de libertad. La libertad para pensar y vivir de una manera distinta. Descubrirás que es fácil, es como no pensar en nada”

Y a no pensar en nada nos aferramos desesperadamente. No pensamos, no sentimos y no empatizamos. Nos refugiamos en nosotros mismos y olvidamos como canalizar nuestras emociones. Llorar en público es síntoma de debilidad, mejor no llores. En realidad, tampoco deberíamos llorar en privado, nos confirma lo que ya sabemos y ocultamos: somos débiles. Es preferible enfadarse, gritar, insultar y odiar, demostrar fuerza. Eso sí se acepta. No te rías demasiado, a no ser que te rías de otra persona, ríete del mendigo borracho y del enfermo, ríete del que se cae. Tú sigues en pié. Lo estamos haciendo muy bien. Canaliza tu rabia en el trabajo, produce más que tu compañero, mira la falda de tu compañera. Si sigues así ascenderás, serás algo en la vida. Rico. El dinero no le llega a todos, sólo a los más fuertes. La sociedad nos prepara para ser el cazador perfecto. Si no lo eres deberías preguntarte qué has hecho mal.

Pero no has hecho nada malo, ¿verdad? En todo caso, si así fuese, la sociedad cuenta con herramientas de control para evitarlo. Voluntariamente participamos en redes y mantenemos un flujo de información personal que és de gran utilidad para empresas de publicidad, gobiernos y policía. Lo hacemos encantados/as. Muestrame el pecho, pero censura el pezón. ¿Dónde estuviste el fin de semana? No nos lo digas, deja que tu GPS hable por ti. No pasa nada, sólo el delincuente debe preocuparse de este análisis pormenorizado de nuestra privacidad. Nos han educado para ser como hay que ser y somos muy obedientes, no hace falta que ocultemos nada, por eso no lo hacemos.

Felices fiestas.

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